SOCIEDAD Y CULTURA

Revista El Magazín de Merlo, Buenos Aires, Argentina.



martes, 7 de febrero de 2017

Moria un día como hoy de 1971 el escritor Jorge M. Furt, compilador de un cancionero popular rioplatense y autor de "Libro de compañía", de "Coreografía gauchesca" Supo atesorar con paciencia y amor el patrimonio folclórico argentino.

El 7 de febrero de 1971 se apagaba la vida de Jorge Martín Furt, el hacedor de la biblioteca de la Estancia "Los Talas", podría resumirse. Pero su vida fue mucho más que eso.

Había nacido en Bueno Aires el 20 de mayo de 1902 en la misma casa donde había nacido su padre en 1864. Estudió en el Colegio Lacordaire de los Dominicos. Se inició en Medicina y en Derecho, luego en Filosofía y Letras, carreras que cursó con más continuidad intuyendo que su pasión estaban fundamentalmente en los libros. También le interesaron Arqueología y Antropología.

Dominaba las lenguas clásicas, el francés y el italiano. Conocía el idioma inglés y hasta el alemán. Podía leer y traducir ambos idiomas. Estos conocimientos le permitieron ser durante toda su vida un investigador autodidacta.
Al perder a su madre cuando tenía 14 años, pasó gran parte de la infancia y de la adolescencia con los dominicos y cuando no iba de vacaciones a Córdoba, su destino estaba en la Estancia "Los Talas". De los religiosos heredó vivir entre la austeridad y la pureza. De los dominicos aprendió a tener amor a los clásicos de la literatura y de los paisanos que poblaban los campos de esta zona tomó la sencillez y a valorar los silencios.


Tuvo un padre serio y remoto que forjaron también su personalidad. Pero los días en "Los Talas" lo fueron atrapando sin saber quizás que estaban formando un patrimonio cultural tan extenso como de valor incalculable.
Además, en 1926 viajó a Europa becado por el Ministerio de Educación. En Italia, realizó el relevamiento de las ruinas de Pompeya y de los ficheros de la Biblioteca Vaticana donde hizo una amistad con Pedro Alvareda quien luego sería cardenal. 

Durante los tres años que permaneció en el "Viejo continente", viajó por Francia, estuvo en Versailles y una madrugada de 1925 quedó admirado con la Catedral de Chartres, la ciudad que se "hermanó" con Luján este año.
En Turín, siguió estudiando Literatura y en Nápoles indagó en el folklore para perfeccionar sus conocimientos en guitarra.
A su regreso al país, formó parte del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional de Bueno Aires, para 1934 ser nombrado director de la Biblioteca de Publicaciones de la Asociación Cultural Ameghino en Luján y presidente de la misma hasta 1939, al tiempo que sostuvo con su peculio el "Boletín" de la Asociación. En 1938 integró la Asociación Folklórica Argentina, en 1960 fue vice director primero y después director –por fallecimiento de don Enrique Udaondo- del entonces llamado Museo Colonial e Histórico de la Provincia de Buenos Aires y en 1966 fue miembro de la Academia Argentina de Letras.

Fue básicamente un humanista, un escritor que comenzó a los 21 años con el oficio de las letras, salvó un patrimonio compuesto por libros, cuadros y colecciones de la indiferencia, el olvido o de las expatriaciones. Heredó bienes y adquirió el archivo de Juan Bautista Alberdi, la biblioteca de Chaneton y parte de la de Tiscornia. También fue un prolífero editor reuniendo así una obra intelectual tan vasta como compleja.   

Aunque la literatura oficial de nuestro país durante años prácticamente lo ignoró, Jorge Martín Furt fue, como lo definió en EL CIVISMO María Adela Luchetti de Monjardín, "un argentino trascedente".  

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